"La escritura, la letra, está en lo real, y el significante, en lo simbólico"
Jacques Lacan (Seminario XVIII)
29 de mayo de 2013
Poética Despiadada Libro
Poética Despiadada es un Poemario que intenta transmitir que:
“El cuerpo es una sustancia gozante cosida por la palabra.
Es materia, es pulsión, es significante.
El ser hablante tiene un cuerpo.
El poeta se inventa uno con la artesanía de la letra”
26 de abril de 2013
A tu niño
No pierdas la magia
de niño escondida
tras un giñe de ojos
o una sonrisa.
Si ya eres adulto,
cuidado contigo
que te lleve dentro
para estar consigo.
No tengas miedo
si aparece el niño,
dormido en el cuarto
dejalo salir...
Atiende sus mañas
de chico despierto
guardado en un grande
que se fue a dormir.
de niño escondida
tras un giñe de ojos
o una sonrisa.
Si ya eres adulto,
cuidado contigo
que te lleve dentro
para estar consigo.
No tengas miedo
si aparece el niño,
dormido en el cuarto
dejalo salir...
Atiende sus mañas
de chico despierto
guardado en un grande
que se fue a dormir.
6 de abril de 2013
Al amanecer (a la ciudad de La Plata en el 2/abr/13)
Crecí en vos,
y hoy te vi
con la boca abierta
muerta de miedo
ahogada
en tu propio vacío.
Cómo calmar tu angustia...
Caminamos como hormigas
perdidas en tu asfalto.
Todos lloran,
se lloran,
te lloramos.
Recordé
al andar el dolor,
el pincel de mi padre
decorando tus vidrios...
Y estabas...
tan hermosa!!
Hoy te vi, montada sobre el llano,
envuelta en tu río.
Nada alcanza
para calmar la pena de tu gente.
Los que se han ido en ti,
esta noche lluviosa de otoño.
Ni los poetas podemos
drenar tanta locura,
tanto océano,
tanta herida abierta,
embarrada
al despertar esta mañana.
Hoy te vi
así,
y juro que no quería verte.
y hoy te vi
con la boca abierta
muerta de miedo
ahogada
en tu propio vacío.
Cómo calmar tu angustia...
Caminamos como hormigas
perdidas en tu asfalto.
Todos lloran,
se lloran,
te lloramos.
Recordé
al andar el dolor,
el pincel de mi padre
decorando tus vidrios...
Y estabas...
tan hermosa!!
Hoy te vi, montada sobre el llano,
envuelta en tu río.
Nada alcanza
para calmar la pena de tu gente.
Los que se han ido en ti,
esta noche lluviosa de otoño.
Ni los poetas podemos
drenar tanta locura,
tanto océano,
tanta herida abierta,
embarrada
al despertar esta mañana.
Hoy te vi
así,
y juro que no quería verte.
25 de febrero de 2013
El resto, canta
El
resto canta,
canta el resto que no
es poco.
Cuerdas afinadas,
sonido de violines...
Trasciende
los deseos,
las preguntas, las
dudas.
Lo
real, su recorte,
hacen el resto posible.
Caen
las palabras, se cuelan las letras
algunas se las lleva el propio
resto.
El
resto canta...
allí donde antes había
pena,
con vocales plásticas al
viento.
Es un
cantar sublime,
emociona
toca el cuerpo, lo
atraviesa.
Lo
lírico
procura, hace posible.
¿Mi
resto?
¡Canta,
qué no es poco!.
Inspirada en la frase
de Diana Bellessi, (“Lo que resta, canta” pag. 13) en “La pequeña voz del mundo”
Ediciones Taurus. Bs.As. 2011.
24 de diciembre de 2012
Bicho Bolita (no es un cuento para niños)
Érase una vez un
pequeño bicho bolita, que cuando que se encontraba con el otro, y hablo de
cualquier otro, sea éste, familiar o desconocido; se enrollaba de tal manera
que su cola quedaba enlazada a su cabeza, tanto... tanto... que no podía
distinguirse una de la otra.
Entonces, en esa
posición quedaba absolutamente a merced de cualquiera.
Por lo general ese otro
no era un bicho bolita, era un espécimen alto, corpulento, fuerte, con
borceguíes para aplastar cascarudos, cucarachas y particularmente, bichos
bolita.
Éste era muy
pequeñito, y así dadas las cosas se volvía imperceptible.
Unos decían “hay
miguitas en el piso”, porque lo confundían.
Otros directamente lo
pisaban porque no se daban cuenta de su presencia y si lo alcanzaban a ver,
tampoco le daban importancia a su existencia. Es más, para sentirse fuertes y
competentes, necesitaban de cierto bicho bolita para pulular por al ambiente de
una manera ostentosa.
El bichito se sentía
cada día un poco más bolita cerrada, decía: “qué poca luz que hay aquí”, o
también, “zona de poca palabra, es ésta” y así seguía queja tras queja enumerando
su relación empobrecida con el otro.
Pero un día, se topó
con alguien que lo rescató del último rincón del piso. Éste, tenía un cartel
indicador en la frente que decía me llamo Ana y de apellido Lista.
Este personaje le tiró
agua en el cuerpo, lo hidrató y entonces el Bolita creció un poco, como cuando llueve, que salen todos juntos a
bailar malambo sobre la tierra húmeda, y se hacen un poco más visibles.
Ana-Lista lo interrogó, lo investigó y lo
puso en serios aprietos.
Y le
dijo: ¿Cómo es que usted se queja tanto y dice que es muy chiquitito, pero cuando
no le gusta algo del otro se hace bola que incomoda? ¿Es que usted entonces según
la circunstancia se hace boleadora?
El Bolita quedó dando vueltas como en una
calesita, sin punto de tope, como en un camino sin estación terminal.
Ana-Lista le puso la mano sobre su cabeza y
dijo, STOP!!, utilizando su voz más gruesa. El Bolita paró su marcha de
repente, con sus ojos bien abiertos y casi sin poder emitir sonido, primero
tosió en señal de protesta contra Ana-Lista, y más tarde, cuando le retornó la
tenue vocecita, dijo: tiene usted razón mi señora Ana, pues es que cuando el otro
se mete en mi intimidad de una forma aplastante, saco mi boleadora o me hago
una boleadora y de chiquitito paso a ser bola que arrasa. Claro que cuando eso
hago, quedo todo lastimado.
A continuación, Ana
hizo un silencio que penetró hasta en las paredes de los edificios más gruesos.
Después de ese silencio
ruidoso, el Bolita pensó, “me hago el bolita, y me transformo de vez en cuando
en boleadora, o soy una bolita y me creo una boleadora”, de cualquier manera,
ninguna de esas formas le daba resultado.
Y recordó la indicación
de Ana-Lista que le decía muy seria, “habrá que hacerse cargo de la bola”. “Nos
vemos la próxima”.
1 de octubre de 2012
La muñeca (micro-cuento)
Esa mañana salieron de
su casa de la mano con un cierto misterio.
Su padre dijo que íban
a ir a comprar algo y que esperaba su ayuda para eso. Viajaron hasta el centro.
Llegaron a una juguetería, le hizo mirar todas las muñecas que había.
Le dijo que no
importaba que fuera cara, que eligiera la que más le gustaba.
Ella no podía creer su
gesto, iba a regalarle la muñeca más linda de la vidriera.
Entonces tímidamente,
se animó a decidirse por la pelirroja de rulos, tan hermosa que a cualquier
niña la hubiera impactado hasta querer poseerla.
Se la marcó con el
dedo. Entraron al negocio, él le dijo sonriendo a la empleada, “eligió la
colorada que está en la vidriera” La miraba como si estuviera orgulloso de ella.
El paquete era inmenso,
al menos para una niña de cuatro años.
Lo colocó bajo su
brazo. Tomaron el subte, y ella pensaba en el viaje, cuándo iba a dársela.
Se bajaron, caminaron
hasta una casa señorial y tocaron el timbre.
Un conocido de él,
abrió la puerta. Detrás de ese señor trajeado estaba su hija, una niñita rubia
un poco más grande que ella. El padre tomó el paquete y se lo entregó.
Silenció lo que sintió
en aquel momento. Lo dejó guardado, hasta que un día de grande se lo contó a su
madre y no le creyó.
Ese fue su primer contacto
con la angustia, y no sería el último.
13 de agosto de 2012
"De las palabras que enferman y curan el cuerpo"
Finalista del Concurso Internacional de Poesía y Narrativa de la Editorial de los Cuatro
Vientos,
y forma parte de la Antología Poetas y Narradores Contemporáneos 2012 de la misma editorial.
Las coordenadas
parecían anclarse en un punto, y ese punto era el que determinaba la posición actual del sujeto. Su historia personal había hecho
tope en el cuerpo. Haymuchas maneras de anoticiarse de los acontecimientos de la
vida, y ésta, la elegida; era una forma más que dolorosa. Recordaba que había aprendido
que hay modos deenfermar diferentes, y que así como se vive, se enferma, y
que cómo se enferma, se muere. Y que no es que por que uno se enferma, entonces se
puede morir; sino que, por
que se puede morir entonces uno se enferma.
Conocía la
existencia de virus, bacterias, infecciones varias, órganos, órganos del cuerpo, sistemas, etc. Sabía que las enfermedades pueden ser
congénitas, heredadas genéticamente, y que el cuerpo a veces se hace el malo, o se
comporta de forma indiscriminada sin que los sujetos que lo portan puedan
cambiarlo.
La mortificación
máxima de todos sus pesares tomaba forma de tumor, así como otras veces se había vestido de accidente callejero, caídas en la
calle, choques con el auto o huesos quebrados.
Pero en esta oportunidad había llegado a su punto más álgido.
En un control ginecológico de rutina, le descubren dos tumores
en las mamas, una tomada en sus tres cuartas partes; y la otra con un tumor
más pequeño. Se efectuaron punciones varias a repetición y se extrajeron muestras para
analizarlas patológicamente.
El resultado fue
células cancerosas, pero lo que no decía el informe del médico patólogo era cuántas células de ese tenor había en la
muestra, ni hasta donde se extendían, ni que pronóstico tendrían las mismas y la
paciente que las portaba.
Nunca había tenido una experiencia ni parecida, en su propio
cuerpo, claro; pero si había vivido la muerte de su padre con un cáncer de cerebro
que acuchilló su corazón y atravesó su alma.
Hubo que operarla
con prontitud, y todo parecía aletargarse en el tiempo, las consultas en el Hospital o las varias prácticas sufridas, ecografías,
mamografías, punciones por medio de ecografías, centollagrama, marcación
de los tumores y posterior operación con extirpación de una mama casi completa y un
cuarto de la otra.
Pero, vuelvo a repetir, las coordenadas
parecían anclarse en un punto. Cuál era el suelo que pisaba? ,
en qué baldosa estaba? Había comenzado a contar para atrás la historia de su vida, leí para atrás en el tiempo y
abrochaba, leía y abrochaba los hechos actuales con el
pasado.
Su tiempo anterior
era oscuro, opaco, en cuanto al amor recibido, a los sentimientos que eran de mucha soledad en compañía, donde reinaba la
ignorancia, que como se dice, es el peor de los afectos que un ser humano puede recibir.
Hasta que una frase familiar en boca de un miembro de la misma, blanqueó lo que la
paciente había sospechado desde siempre.
Que estaba demás,
que era un estorbo para él, y esa frase pronunciada pasó a perforar su espíritu, dio en el blanco donde el significante toca el
cuerpo para enfermarlo. Pero cuáles eran esas palabras tan horrorosas, tan corrosivas? Ella
escuchó: “Tu vida me cagó la existencia”, “cuando vos naciste, me jodiste la mía”.
Y se produjo un blanco, un estado de congelamiento que no pudo más que
dejarla perpleja, azorada frente a la boca devoradora del otro. Esa voz que portaba
esa palabra, era un trueno que derrivaba su alma. Y así devastada y sin poder salir de ese
estado descripto, pudo mirarse los pies más allá de esa voz que había escuchado, reconociéndose
en el hilván de esos dichos de su
hermano. Ella había aceptado durante toda su vida, ser ese desecho para el otro, ese resto que funciona estorbando,
molestando; y prefería tener ese lugar antes que ningún otro.
Pasaron los días, las
horas, los segundos….eternos y rápidos; y se le revelaron sus propios pasos, ya no eran las palabras ajenas, eran las
suyas en derredor de aquellas, las que la ubicaban. Y recordó el diagnóstico, casi innombrable,
irreproducible: “Cáncer de mama”. Y cosió su posición subjetiva, la de su vida en
relación al otro familiar, con esas palabras pronunciadas propias y ajenas, donde si con su vida
le había cagado la existencia lo mejor era enfermar para morir, retirándose
como resto del discurso del otro.
Claro que no iba a
culpar a las palabras, ni a ningún otro que las pronunciara; se hacía cargo responsablemente de que su posición había enfermado el
cuerpo, y no en cualquier parte, sino en las mamas.
Pensó que ya era
tarde, pero de todas maneras quiso dar la vuelta, juntar las cartas de la mesa y barajar para dar de nuevo. No sabía si tendría una
nueva oportunidad, para curarse, para vivir desde otra posición que esta vez no
fuera de resto del otro, de tacho de basura del mundo, y que pudiera dar esa vuelta para curar
algo de la palabra que había enfermado el cuerpo.
Eran las cuatro de
la tarde en el reloj, la operación había durado muchas horas; la anestesia había cumplido su función y se estaba retirando,
los cachetazos de la cirujana oncológica golpeaban su cara para que se despierte y escuchó
su voz que le decía; “Descorche el champagne señora, la biopsia dice que el
cáncer se ha negativizado”.
No todas las
historias de pacientes con cáncer son como ésta, ni terminan en un festejo pero éste es un cuento real, de cuando ciertamente la
palabra enferma y también cura al cuerpo.
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